La Postura de la Guirnalda, también conocida como Malasana, es una sentadilla profunda que te conecta a tierra mientras abre las caderas y estira la espalda baja. A medida que desciendes y llevas las manos al pecho en posición de oración, cultivar el equilibrio, la estabilidad y una sensación de arraigo.
Esta postura fomenta la respiración consciente, mejora la flexibilidad de la cadera e invita a una sensación de energía tranquila y centrada, lo que la convierte en una pausa maravillosa en cualquier secuencia de yoga.

Cómo realizar la Postura de la Guirnalda (Paso a paso)
- Comienza de pie en la Postura de la Montaña (Tadasana).
- Separa los pies un poco más que el ancho de las caderas, con los dedos apuntando hacia afuera en un ángulo de unos 30–45°.
- Exhala, dobla las rodillas y baja las caderas hacia una sentadilla profunda.
- Junta las palmas de las manos frente al corazón en Anjali Mudra (posición de oración).
- Presiona suavemente los codos contra la parte interna de los muslos para abrir las caderas.
- Mantén el pecho elevado, la columna larga y los talones presionando hacia el suelo.
- Mantén la postura durante 5-10 respiraciones y luego regresa a la posición de pie.
Cómo mantener la postura
- Mantén los talones apoyados; coloca una manta doblada o una toalla enrollada debajo de ellos si se levantan del suelo.
- Activa los músculos del core para dar soporte a la espalda baja.
- Alarga la coronilla hacia arriba mientras mantienes el coxis pesado hacia abajo.
- Relaja los hombros y respira profundamente hacia el abdomen.
- Evita colapsar hacia adelante, mantén la columna erguida y el corazón abierto.
Beneficios de la Postura de la Guirnalda
- Estira las caderas, la ingle, los tobillos y la espalda baja.
- Fortalece los muslos, las pantorrillas y el core.
- Mejora la postura y la alineación de la columna.
- Ayuda a la digestión al estimular los órganos abdominales.
- Desarrolla movilidad y equilibrio en la parte inferior del cuerpo.
Errores comunes y consejos
- Talones que se levantan del suelo: Apóyalos con una manta para mayor estabilidad y arraigo.
- Columna redondeada: Alarga el torso y eleva el pecho.
- Rodillas que colapsan hacia adentro: Presionarlas suavemente hacia afuera con los codos.
- Peso desigual: Distribuye el peso uniformemente entre ambos pies y mantén el equilibrio.
Variaciones y modificaciones
Malasana con apoyo
Siéntate sobre un bloque si tus talones no llegan cómodamente al suelo. Esta modificación reduce la presión en tobillos y rodillas mientras mantienes la alineación de la sentadilla.

Variación de torsión
Coloca una mano en el suelo y extiende el otro brazo hacia arriba, girando suavemente el torso. Esto abre la columna, los hombros y el pecho, a la vez que profundiza el estiramiento de cadera.

Malasana atada
Envuelve tus brazos detrás de las piernas y entrelaza las manos para realizar un amarre. Esta variación avanzada aumenta la flexibilidad de hombros y pecho mientras mejora el equilibrio en la sentadilla.
Versión dinámica
Balancea suavemente el cuerpo de lado a lado para liberar tensión y calentar las caderas. Este movimiento fluido ayuda a mejorar la movilidad de la cadera y fomenta la relajación en la parte inferior del cuerpo.
Encarnar la postura
La Postura de la Guirnalda encarna el arraigo y la estabilidad natural, invitando al cuerpo a asentarse profundamente en la tierra. Con la apertura de caderas y el alargamiento de la columna, fomenta tanto la fuerza como la ligereza en la parte inferior del cuerpo. Esta postura apoya la respiración consciente y la presencia estable, creando espacio para una mejor movilidad y equilibrio interno. Con una práctica regular, Malasana se convierte en una postura nutritiva que fomenta la calma, apoya la digestión y te reconecta con una sensación de quietud interior.
Posturas relacionadas:
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Postura de la Rana (Mandukasana)
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